
Sin recuperarnos todavía de la resaca de Mestalla y en mitad del mareo de datos y análisis propios de la jornada electoral, una nueva polémica arbitral ha puesto de manifiesto la animadversión general con la cual el Real Madrid es visto en la Comunidad Valenciana en general y entre el valencianismo en particular. Acertó el club che en la movilización de sus fieles para el partido sabatino ante el Madrid. Se decoraron los accesos al verde de Mestalla con imágenes de la laureada historia valencianista, se escogieron a conciencia fotografías de los días de vino y rosas con los ídolos históricos a la cabeza, se habló de la fuerza casi mística de Mestalla para contrarrestar el potencial futbolístico blanco y se recurrió a la vestimenta de la senyera valenciana para dar calor y colorido a las gradas locales. Pero no pudo ser. El trabajado equipo de Emery no pudo parar el avance imperial blanco por la Liga. Hubo polémica, decíamos, por la supuesta mano no pitada a Higuaín.
Sin detenernos a analizar las decisiones arbitrales por aburridas y subjetivas, sigue llamando poderosamente la atención el recelo valencianista a todo lo que huela a madridismo. Resulta complejo aventurarse a concretar cuál fue el detonante de dicha rivalidad. Más allá de la legitimidad valenciana y valencianista de ser importantes en lo político y en lo futbolístico, en tanto en cuando el Valencia fue y debería ser una de las alternativas al binomio dominante de nuestro fútbol, conviene echar un vistazo a algunos episodios que, más que desencandenar el fuego antimadridista, lo avivaron.
continua leyendo…