A raíz del Barcelona – Betis de ayer, he notado que se reactiva el debate acerca de cómo se le puede ganar al Barça (si es que se le puede ganar, se plantean algunos). 27 partidos consecutivos invicto acumula ya el equipo de Guardiola y dar con la fórmula que permita vencerles empieza a ser un imposible para los entrenadores rivales.

Ayer Pepe Mel, fiel a sus declaraciones previas al encuentro, planteó el choque de “tú a tú”. El Betis salió a buscar al Barça, a por ese gol que le diera opciones reales de pasar la eliminatoria, consiguiendo por momentos que la misma estuviera al 50%. Con las líneas muy tiradas arriba taponando las vías habituales de salida blaugrana, con Beñat muy intenso sobre Busquets, los interiores sobre los laterales, los delanteros incomodando el circuito de desahogo entre Piqué – Puyol – Pinto, Iriney de escoba cubriendo un ancho de 50 metros y los 4 de atrás cercanos a la medular, el equipo verdiblanco conseguía robar en zonas intermedias y llegar a portería con cierta constancia. Eso no le eximía de recibir ocasiones, lo que nos permitió ver a un Casto muy acertado y, en contraste, a un Villa que no podía creérselo.

Al filo del descanso, Messi enganchó una entre tanta ida y vuelta para poner el 1 -0 y empezar a cambiar la tendencia del partido. En la segunda mitad, el Betis siguió sin esconderse, superando la primera presión que lideraba el siempre combativo Pedro y tratando de llegar. Sin embargo, las sensaciones ya no eran las mismas. Messi volvió a marcar nuevamente para despertar definitivamente a los suyos y hundir la moral de un Betis que ya se veía sin premio a pesar de su gran despliegue. A partir de ahí, el Barcelona empezó a notarse más cómodo, a llegar por banda, a liberarse de los marcajes béticos y aumentar la precisión en el pase y el ritmo de circulación. Alves creció en el partido y empezaba a hacer daño. En un momento, 3 goles más y Guardiola se alivia por dentro pues se va a poder permitir rotar en Sevilla la semana que viene.

El 5 -0 fue a todas luces excesivo, no tanto porque el Barça no mereciera marcarlos sino porque castiga sobremanera al Betis, que salió del Camp Nou con la cabeza bien alta tras haberse mostrado como uno de sus rivales más duros. La lluvia de elogios al conjunto sevillano, así como a la pizarra de su técnico, contrastan enormemente con la contundencia del marcador. Es precisamente esto último, la diferencia de goles en la derrota, lo que lleva a la generalizada conclusión de que con el Barça solo se puede competir a través del encierro y la suerte de cazar una contra o un remate a balón parado.

Para mí, la lectura del partido de ayer va más allá del 5 – 0 y sirve para derribar el pensamiento anterior. Quedarse en el resultado es no entrar en el análisis, caer en lo superfluo y en lo fácil. La realidad fue que el Betis comprometió al Barcelona desde el atrevimiento y la ambición del gol. El planteamiento de Mel fue atrevido pero coherente con el perfil de su plantilla y del rival, basado en la premisa del equilibrio defensa – ataque. Lo que solemos ver ante los barcelonistas es precisamente lo contrario: tácticas sustentadas en el desequilibrio que supone la acumulación de jugadores por detrás del balón y la renuncia a llevar la iniciativa en algún momento.

Qué duda cabe que hay conjuntos cuyas características colectivas y de sus jugadores individualmente invitan a un plan más reservón. Sin embargo, capacidad para asociarse con algo de movilidad y atacar más allá del pelotazo tienen todos los equipos de la Liga BBVA. El Betis no está mucho más dotado para el toque que el grueso de Primera y optó por reducir el abismo futbolístico que le separa del Barça por ahí, consiguiéndolo durante gran parte del partido. Esto debería animar a otros que en su normalidad desarrollan un buen trato del balón y ante los de Guardiola (y el Real Madrid muchas veces, por qué no) renuncian a su estilo e identidad.

Es justo decir que ninguna opción de juego es garantía, pero ni ante el Barcelona ni ante ningún equipo. A veces los detalles, los momentos de forma, los niveles de concentración y demás son definitivos. Y el que piense que los partidos ante el Inter de Milán, Hércules, Mallorca, Athletic o Rubin Kazan muestran el camino correcto por el resultado que obtuvieron, que deje de engañarse. Valencia, Villarreal o Betis estuvieron igual de cerca de conseguir réditos a través de otros métodos mucho más agradecidos con el espectador, siendo penalizados por la calidad diferencial o momentos muy concretos pero nunca por la pizarra o la ejecución del plan. Es más, el mismo Inter, tan criticado por su cerrojazo en la vuelta de las semifinales de Champions, venció con toda justicia en San Siro con un fútbol totalmente opuesto, limitando las virtudes del Barcelona y potenciando las propias sin necesidad de recurrir a poner el autobús. Ayer Pepe Mel no pierde su duelo con Guardiola. El Betis está eliminado por la calidad individual, porque el Barça tiene a Messi y a otros pocos que son incomparables hoy en día, no por haberse equivocado él.

Con esto no quiero decir que echarse atrás, dejar más espacio en bandas, acumular gente por el medio y buscar alguna contra rápida sea un mal planteamiento. Simplemente hago una defensa del atrevimiento, del aspirar a algo más ante el mejor equipo que muchos hemos visto en toda nuestra vida. Y la hago también de la variedad táctica, ya que pienso que es precisamente la clave que puede dificultar la tarea blaugrana. Si todos los equipos le juegan igual, el trabajo de la semana siempre será más fácil. Guardiola, el entrenador con más motivos para no variar nada entre partidos y enfrentarlos sin reparar en el rival si él quiere, debe sentirse amenazado sobre el papel, incierto ante lo que va a tener que superar cuanto menos. Y es que empieza a extenderse la corriente de que no salir goleado ante el Barcelona es una victoria y me parece un pensamiento muy peligroso, totalmente contrario a los valores del deporte y de la competición. Por ello, aplaudo al Betis por no especular ni pensar que el mejor resultado para volver a Sevilla era el 0 – 0, por creer en el trabajo de toda la temporada y variar solo razonablemente su esquema con respecto al habitual, tratando al Barcelona como lo que es, un rival más.

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