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Roberto Carlos da Silva nació en el municipio de Garça, São Paulo, Brasil el 10 de abril de 1973. Roberto Carlos desde muy joven comenzó a destacar en su natal Brasil llamando la atención a los equipos profesionales en equipos de divisiones inferiores, su primer equipo profesional fue el União São João Esporte Clube donde comenzó a destacar con un buen promedio goleador y fue el Atlético Mineiro quien se lo llevó para con ellos debutar en primera división. Con los albinegros tan solo estuvo durante un año, suficiente para dar el salto en 1993 al Palmeiras donde comenzó a brillar de verdad, haciendo que todo Europa se fijara en él durante el tiempo que estuvo con el equipo, tiempo suficiente para ganar 2 Serie A de Brasil (1993 y 1994), en 1995 luego de tanta especulación por fin se dio su salto al viejo continente, siendo mas específicos a Italia para jugar con el Internazionale por cerca de 3.5 millones de euros. Con los nerazzurri tan solo estuvo durante una temporada luego de que el técnico en ese entonces, Roy Hodgson, lo descartara para la siguiente campaña pidiéndole su venta a Moratti considerándolo un jugador muy loco y ofensivo para Italia, así que después de jugar en 34 partidos y marcar 7 goles con el Internazionale fue vendido al Real Madrid en el verano de 1996 por aproximadamente 6 millones de euros, uno de los errores mas grandes de la historia. continua leyendo…

Ayer estaba viendo el Real Madrid – AC Milán y no podía dejar de fijarme en Ronaldinho. En lo bueno que era y lo abandonado que está. Al final del encuentro me quedé un rato en el bar charlando con un amigo acerca de los mejores jugadores que habíamos visto en nuestra vida y tal. Él decía que Zidane (perdón por la expresión) le ponía cachondo y todo; yo reconocí que, a pesar de no ser del Barça, Ronaldinho era otra historia.

Tengo 22 años (1988). Toda mi vida me ha gustado el fútbol pero mi memoria futbolística se reduce a los últimos 10-12 años. Me hubiese gustado nacer antes para no haberme perdido a mitos como Di Stefano, Pelé, Cruyff, Maradona, Beckenbauer o Platini, pero nací cuando lo hice y éste es el TOP 10 que he podido confeccionar acerca de los futbolistas que más me han llenado viéndoles sobre el césped.

1. RONALDINHO

Muchos argumentan que le faltó mantenerse durante varios años al máximo rendimiento para entrar en el Olimpo pero yo, qué queréis que os diga, reconozco que no he visto nada igual. El mejor Ronaldinho fue el futbolista más espectacular que yo haya visto. Gran regateador, gran pasador, gran goleador. Precisión, elegancia y creatividad en todos sus controles, conducciones, regates y disparos. Siempre con una sonrisa en la boca, el brasileño se  convirtió en un referente para los más jóvenes y en todo un ídolo por todo lo que transmitía en el campo. Sus actuaciones siempre eran de notable para arriba, así como de un impacto brutal en los marcadores, consagrándose en grandes estadios como el Santiago Bernabéu o Stamford Bridge. Palmarés completo con gran importancia en la mayoría de los títulos. Ronaldinho es, y no me cabe duda, el mejor que yo he visto.


2. RONALDO

Ronaldo representa la carrera futbolística más meritoria que yo conozca. Sus graves lesiones de rodilla no le impidieron volver en reiteradas ocasiones para marcar la diferencia. Se reinventó en varias ocasiones para seguir siendo el mejor delantero del mundo. Si bien sólo podemos preguntarnos si hubiera sido el más grande de la historia de no haberse lesionado tan gravemente, el Ronaldo del Barcelona siembra una duda palpable en todos aquellos que le vimos cabalgar imparable ante los rivales. Posteriormente, perfeccionó su disparo con ambas piernas y mantuvo su potencia en carrera, aunque perdió velocidad de arranque, para continuar metiendo miedo a todas las defensas que tuvo enfrente. Nunca vi a Pelé, pero si fue mejor que éste…

3. ZIDANE

Pensar en Zidane es acordarse de sus controles y conducciones perfectas. Daba la impresión de poder jugar con traje y zapatos sin notar la diferencia. Sin embargo, repasar su trayectoria es hacerle justicia. Su golazo inverosímil en Glasgow para darle la novena Copa de Europa al Real Madrid o su doblete en Saint-Denis para dejar el Mundial en su país dan buena cuenta de la capacidad competitiva del probablemente mejor jugador francés de la historia, en disputa con Platini. Símbolo de todos los equipos en los que ha estado, su despedida con el cabezazo a Materazzi no oculta la admiración que le profesa el mundo del fútbol sin excepciones.

4. MESSI

Lo que más asusta de Messi es su juventud. 23 años y ya ha cubierto la etapa más gloriosa del FC Barcelona, ha liderado a su país en una Copa del Mundo y ha completado un sinfín de actuaciones memorables en prácticamente todos los estadios que ha pisado. El mejor individualista del momento, enorme goleador, maravilloso en paredes imposibles y entendido del juego combinativo, Messi ha jugado en todas las ubicaciones de fase ofensiva y en todas se ha desenvuelto de 10. Completísimo, Leo Messi es sin duda el mejor futbolista de la era actual.


5. ROBERTO CARLOS

Incombustible por su banda izquierda, debe ser el único o de los poquísimos laterales que no necesitaron un compañero por delante para rendir al máximo. Mientras le aguantó el físico, Roberto Carlos se mostró como un muro en defensa y un puñal en ataque. Sus larguísimos autopases y sus disparos de exterior quedarán para el recuerdo.


6. FIGO

El uno contra uno en banda más letal que ha habido. El rey del amago era capaz de irse del lateral más pegajoso y luego poner un platanito a su delantero. Un seguro siempre en las asistencias, Figo además contribuía con buenas cifras goleadoras allí donde estuvo. Memorable el recibimiento del Camp Nou en su primer partido con el Real Madrid allí, episodio histórico en los anales de la Liga Española que sólo puede protagonizar un grande entre los grandes.


7. XAVI HERNÁNDEZ

El paso de los años le hará justicia. Actualmente nadie le discute su repercusión en el magnífico momento del FC Barcelona y de la Selección Española, equipos de los cuales es el referente indiscutible y brújula. Sin embargo, Xavi no será de ésos que tengan un video impresionante en Youtube ni tal vez un Balón de Oro al final de su carrera. Su impronta seguramente no estará en la red. El legado de Xavi estará en Thiago Silva, en Cesc, en Iniesta y en todos los que están por venir, porque la filosofía de asociación y apoyo de este futbolista ha dejado una huella profunda en el fútbol español que le ha llevado a la cima mundialista y ojalá lo mantenga ahí por mucho tiempo.


8. RIVALDO

Tras ese aspecto frágil y desgarvado, un talento único se inventaba jugadas y goles como churros. Ya desde su época en el Deportivo de La Coruña llamó la atención, lo que le valió para ganarse una oportunidad en el Barça y después en la historia del club. Para los románticos, su chilena ante el Valencia en el Camp Nou que valía una plaza para la Champions al año próximo. Para las escuelas, su excelente Mundial de Alemania de la mano de Ronaldo.

9. VIERI

Tal vez a alguien le llame la atención ver a Vieri en esta clasificación pero, a criterio de mis ojos, Christian Vieri merece un puesto de honor aquí. Para mí, el italiano representaba todo lo que significa un delantero de área total. El oportunismo, el golpeo con ambas piernas, la precisión con el pie, la potencia con la cabeza, castigador de errores y fiabilidad en todos los partidos. El mejor Vieri (tal vez el que vimos cuando estuvo en el Atlético de Madrid) no tenía comparación dentro del área rival. A nadie se le olvidará su golazo sin ángulo sobre la línea de fondo ante el PAOK en la 97/98.

10. FERNANDO REDONDO / ANDRÉS INIESTA

Puro sentimentalismo. No me podía decidir por ninguno ni dejarles fuera, así que comparten este décimo lugar dos jugadores que he idolatrado por encima de cualquiera. Si alguna vez quise parecerme a algún futbolista, ése fue Fernando Redondo. Ahora que vuelvo a los campos, aunque sea en un equipo de amiguetes en una liga de barrio, sólo puedo tratar de imitar en lo posible a la pureza de este deporte, Andrés Iniesta.

Este artículo me animé a hacerlo analizando la pobre actuación de la selección brasileña en el reciente Mundial de Suráfrica en el que fue derrotada por Holanda en cuartos de final, yo creía en la canarinha porque pese a las críticas recibidas, parecía un equipo sólido y competitivo.

Mis primeros recuerdos de la selección brasileña se remontan al Mundial de USA 94 cuando después de no partir como primeros favoritos para el título, allí estaban, entre otros, la última Argentina de Maradona y la, por entonces campeona del mundo Alemania, se alzó con el título en los penaltys ante Italia. A esa selección se le culpó de defensiva y poco vistosa, pero al alzarse con el título las críticas se fueron apagando. A pesar del trivote con el que salía al campo Parreira, de centro del campo para adelante de vez en cuando se veían destellos de gente como Zinho, Bebeto, Romario o Jorginho. Por entonces, me llamó la atención la actitud de un tipo bajito, moreno y de aspecto no muy deportivo al que llamaban Romario que llegó a decir que si no salía de marcha no rendía en el campo, tenía parte de fanfarronería estas declaraciones pero lo cierto es que el brasileño fue un delantero referente en el último Dream Team, no sólo se dedicaba a meter goles con una facilidad pasmosa, sino que además alimentaba la imaginación de los chavales con regates como la cola de vaca.

Eso me dió que pensar, los brasileños parecían hechos de otra pasta, tenían la capacidad de jugar maravillosamente bien al fútbol y a la vez disfrutar de la vida a tope, la siguiente generación de futbolistas no hizo sino confirmar esto, Ronaldo, Roberto Carlos, incluso en ocasiones Denilson, parecían jugadores de otro planeta, aunaban las características que creo que hacían del futbolista brasileño el mejor del mundo, un físico natural exhuberante, perfecto para la práctica de este deporte, a poco que se cuidaran eran unos atletas magníficos, capacidad técnica por encima de lo normal con lo que se podían permitir jugar con otra velocidad, hacer fácil lo difícil, inventar y por último, una especie de gen competitivo que hacía que rindieran sobre manera en casi todos los partidos, eso sí, con una sonrisa en la boca que los hacía, normalmente, simpáticos a los ojos de la hinchada propia y rival.

Al final de esta generación ya se empezaron a vislumbrar signos de fatiga evidentes, Denilson (perdido entre la bicicleta y la ruleta ) acabó decepcionando y Ronaldo, por las lesiones y la buena vida, engordó sobremanera, con todo, quedaba parte de esta magia brasileña que hacía que Ronaldo con 10 Kg de más fuera un delantero formidable, máximo goleador de la liga española, eso casi nadie se lo podría haber permitido en sus condiciones pero era tal el talento que tenía que lo más difícil del fútbol, anotar goles, parecía un oficio sencillo.

Llegamos a la penúltima generación, la de Ronaldinho, Kaká y Adriano Leite, Kaká es un caso aparte debido a que por sus creencias religiosas no es muy dado a la juerga, Ronaldinho y Adriano han sentado un precedente muy negativo para el fútbol brasileño, no han sabido estar muchos años al más alto nivel, parecían con la capacidad de deslumbrar al mundo durante mucho tiempo y ser referencias en el panorama futbolístico pero no ha sido así, han pasado de llenar estadios por sí sólos a ser noticia en los periódicos por motivos extrafutbolísticos, verles en una discoteca, jugando en un casino, en el carnaval de Río o en un yate de fiesta, son constantes en los últimos tiempos, esto sin contar con problemas mas serios como el alcoholismo o la depresión.

Dos jugadores parece que van a capitanear a la canarinha los próximos años, Robinho y Pato, el primero ya ha tenido varios escándalos en su vida privada y ha tenido que salir por la puerta de atrás de dos clubes europeos sin terminar de triunfar aunque parecía que tenía todas las condiciones para ello. Detrás de estos muy poquito, sobre todo de centro del campo para adelante, parece que la cantera brasileña se está agotando, ya no son los mejores físicamente, ni técnicamente y el gen ganador que poseían parece haber desaparecido. No pinta excesivamente bien el futuro futbolístico del país que más veces ha sido campeón del mundo aunque aún queda la esperanza de que consigan recuperar a alguno de los jugadores que están a la deriva y que sea posible que con un par de caras nuevas puedan volver a ilusionar a un país que va a ser sede del próximo campeonato mundial.

Pues sí, se va. Hoy parece algo normal, por mucho que alguno se tire de los pelos incrédulo, pero yo creo que si se hace una encuesta en los medios o la población hace unos años, podría decirse que la marcha de Raúl del Real Madrid antes de su retirada del fútbol se ha producido contra todo pronóstico.

A mí no me ha venido todavía la necesidad de tener que posicionarle en el ránking del madridismo o de compararle con otros mitos del club como pueda ser Di Stefano. No creo que sea el momento de recuperar su carrera, ver los logros conseguidos, analizar lo que pudo faltarle a título individual o sacar el cajón de la mierda (perdóname, Estela Reynolds). Y como no lo creo, y mucho menos lo siento, a título personal me gustaría hablar de sensaciones, ésas que te deja toda despedida, en mayor o menor medida, como consecuencia de una historia anterior.

A día de hoy, tengo 22 años. Como aficionado al fútbol, digamos 14. No recuerdo el debut de Raúl, ni su primer gol, ni seguramente sus primeros 20 partidos. Sin embargo, la plenitud de mi interés por este deporte coincidió con la plenitud del juego de este tipo. Sus primeros pasos de interior izquierdo habían quedado ya un poco atrás dando paso a un delantero/segundo delantero que pintaba excelente. Goleador regular aunque no un killer, con bastante repercusión en el juego cerca del área. Su imagen de las últimas temporadas, con varios puntos menos de velocidad y frescura, no borran recuerdos de un jugador que fue líder por galones como lo fue por juego.

Pocas veces me levantó del asiento en una jugada, como sí hicieran y hacen otros. Como hacía con sus rivales, Raúl me dejó huella con la táctica del desgaste. De tanto verle hacer la cuchara o golear en el área pequeña, le he cogido cariño, el cariño que se le coge a los grandes. En su momento obtuvo un Balón de Plata, por detrás de Michael Owen. A mí me hubiese encantado que hubieran quedado a la inversa pero hoy, una vez le ves irse del Real Madrid, te das cuenta de que Raúl, si algo es, es un Balón de Plata. Su carrera entera ha sido un Balón de Plata.

Raúl siempre ha sido un secundario por naturaleza, por condiciones, por repercusión en el juego. Brillante, pero un secundario. Es más, cuando tuvo que ejercer de primera espada puntualmente, supo hacerlo. Sin embargo, queda la sensación de que los resultados siempre le acompañaron desde ese rol de jugador al que vigilar, no de jugador a temer. Con la Selección, donde durante años fue el mejor jugador, su trayectoria pierde el brillo. Muchos se apuntan al oportunismo de que España ganó cuando él se fue. Lejos de estar de acuerdo con esa postura, la realidad es que Raúl no pertenece a esta generación y que este infortunio le acompañará siempre. Balón de Plata.

Qué duda cabe de que se va un grande, el más grande del Real Madrid en lo que han visto mis ojos. Se lleva el respeto de todo el mundo del fútbol y de gran parte de los medios y de la afición española. Nadie lamentará su marcha, ahora que La Roja lo gana todo, ahora que Mourinho ha llegado a Chamartín, pero estoy convencido de que los años le pondrán en su contexto y le harán justicia unánime.

Un abrazo, Raúl.

Nota: Aprovecho una despedida para enlazar otra. Como Raúl, me marcho pero también tengo pensado volver. Será en septiembre, con las primeras jornadas de Liga ya. Siento mucho no poder analizar las plantillas definitivas de algunos clubes porque es una de mis tareas preferidas pero la España más rural me niega los medios aún. Espero este mesecito fuera me ayude a desconectar un poco del fútbol, algo que tras un Mundial siempre se agradece, y me sirva para volver con muchas ganas de proponer temas y charlar sobre fútbol ya que, en definitiva, es de lo que se trata.

Un abrazo, compis.

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