¡Qué grande el partido que jugaron Barcelona y Villarreal el pasado sábado! En mi opinión el mejor partido de lo que va de temporada en la Liga BBVA. Dos equipos ordenados sobre el campo, con las ideas claras, con proposición de buen fútbol y, demostrando que son compatibles, con conceptos defensivos asentados. Esforzados en la presión y en la recuperación, ambos conjuntos dieron muestra de que en el fútbol actual los jugadores más desequilibrantes no están exentos de colaborar con el bloque sin que ello suponga que dejen de brillar a la hora de marcar las diferencias. Nilmar, Messi, Rossi, Pedro, Borja Valero o Iniesta son algunos de los casos más ilustrativos.
El partido fue maravilloso, en parte seguramente al fallo arbitral en lo que hubiera sido inevitablemente el segundo gol del Barça. El gol de Nilmar le dio a los castellonenses el aplomo y la precisión que les impidió alcanzar el vendaval inicial azulgrana. Los de Guardiola salieron como motos, dispuestos a sentenciar por la vía rápida. Una distinción de Villa les dio la ventaja que normalmente nadie puede levantarles. Sin embargo, el Villarreal ha vuelto este año a armar un equipo privilegiado. Los dos de arriba son veneno, y por detrás tienen una serie de jugadores que hacen honor al fútbol en cada partido. Cazorla ha vuelto decidido a hacerse un hueco en el firmamento de la Liga Española y va camino de convertirse en la revelación del año. Bruno y Borja Valero, dos jugadores reinventados en su juego para formar un doble pivote complementado y competitivo como el que más. Y atrás, cinco tíos (incluido Diego López) defendiendo al límite pero también mimando la posesión en todo momento. Muy pocos pelotazos concedió el Villarreal en el Camp Nou y no fue porque estuvieran cómodos en lo que a espacios se refiere.
Y todo esto fue y es así en gran medida gracias a la labor de un técnico que definitivamente ha llegado para quedarse. Los que vieran a Juan Carlos Garrido como interino en ese banquillo, el otro día cambiaron de opinión totalmente. Lo fácil hubiera sido apostar por Senna (muy buenos minutos en el rato que estuvo sobre el césped) y Bruno en el once y arropar la zona central y el sistema de coberturas a los laterales, pero para nada. Garrido apostó por poner a todos los jugones, pidiéndoles un esfuerzo defensivo superior al que acostumbran para así poder dañar en fase ofensiva. La baja de Piqué invitaba a ello, a salir con todo y ver qué pasaba. Y lo que pasó es que el Villarreal disputó el partido para ganarlo, no sólo para puntuar. El gran juego del Barça no disipaba la sensación de que el Villarreal podía enganchar una en cualquier momento, y así fue. Sólo el despertar de un Messi que deambulaba bastante gris por el campo privó a los amarillos de puntuar en Barcelona. El argentino sacó su magia para dinamitar un partido plenamente igualado.
Es de justicia decir que en la segunda parte fue el conjunto visitante el perjudicado en términos arbitrales, debiendo haber visto la roja Maxwell, en primer lugar, y no haber subido al marcador el último gol de Messi. Sea como fuera, queda el poso de un Barcelona algo superior, dominador en la mayor parte del partido y mucho más mecánico en sus acciones. Las subidas de Alves, las paredes de tiralíneas al borde del área, las ayudas de Busquets, las arrancadas de Iniesta, el compás de Xavi, la electricidad de Pedrito… son componentes perfectamente aunados en un equipo que ya queda para la historia del fútbol. El Real Madrid podrá resistir la comparación en cuanto a puntos, números y posiblemente títulos, siendo sumamente elogiable todo ello, pero la esencia futbolística de ambos dista de estar próxima, básicamente porque no hay réplicas de Xavi, Iniesta o Messi en todo el mundo.
Desde aquí, aplaudir la convicción del Villarreal en su método, su estilo y sus posibilidades ante un rival que tiende a pintar la cara a cualquier atrevido que se presenta en su casa. Mi máximo reconocimiento a un Garrido que, si bien es pronto para calificarle por méritos propios, ya se ha ganado, al menos por mi parte, la consideración de entrenador de Primera.

